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ME SABE MAL, el blog de @Franesco

Me sabe bien

ARIADNA

ARIADNA

Esta tarde he asistido a una brillante representación teatral por parte de la compañía Atalaya, inscrita en el programa del Centro Andaluz de Teatro de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. La obra, ARIADNA, con texto escrito por el fallecido Carlos Iniesta a partir de extractos de Marina Tsvietáieva, Nietzsche, Ovidio, Von Hofmannstahl, Catulo y David Pujante.

 

La puesta en escena es magnífica pese a (o precisamente por) su sobriedad —apenas una lona móvil sirve al mismo tiempo de escenario-isla y techo del laberinto en el que Teseo vence al minotauro gracias al hilo facilitado por Ariadna—, y tres actores (bien) y cinco actrices (mejor) completan una exigente actuación compuesta de interpretación, canto y baile.

 

El sonido y la iluminación acompasan a la perfección la narración, que se centra en Ariadna como protagonista de una historia de continuo desapego a la figura varonil, desde la traición a su padre para facilitar la salvación de Teseo hasta el desprecio final a Dionisos, quien pretende convertirla en diosa a cambio de dejarla encerrada de por vida en la isla de Naxos (“jaula de oro”), actitud contestada con el despecho de Teseo, quien no luchará por su amada una vez el dios del éxtasis se encapriche de ella. “Nunca te fíes de la palabra de un hombre”, vienen a decirle las vestales de Afrodita.

 

Ariadna acabará su periplo, como empezó, mostrando independencia: “Ni los dioses soportan estar solos”. Y se suicida...

CORAZÓN DE POETA

Cuando a uno le dedican una canción, la escucha con atención; cuando le gusta, además, lo que suena, lo comparte con los demás... Es el caso de la canción que me dedicaron ayer y que, cantada por Jeanette, yo dedico a su vez a todos los que tienen CORAZÓN DE POETA:

 

Tiene la expresión de una flor,

la voz de un pájaro

y el alma como luna llena

de un mes de abril.

 

Tiene en sus palabras calor

y frío de invierno,

su piel es dura como el árbol

que azota el viento.

 

Y tiene el corazón de poeta

de niño grande y de hombre niño,

capaz de amar con delirio,

capaz de hundirse en la tristeza.

Él tiene, el corazón de poeta,

de vagabundo y de mendigo,

y así lo he conocido

y así me gusta a mí que sea:

que tenga el corazón de poeta.

 

Tiene la arrogancia del sol,

mirada cándida,

su piel de nieve se hace fuego

cerca de mí.

Es amigo y amante fiel,

ve las estrellas,

camina junto a mí soñando

con cosas bellas.

 

Y tiene el corazón de poeta

de niño grande y de hombre niño,

capaz de amar con delirio,

capaz de hundirse en la tristeza.

Él tiene, el corazón de poeta,

de vagabundo y de mendigo,

y así lo he conocido

y así me gusta a mí que sea:

que tenga el corazón de poeta.

 

Él tiene, el corazón de poeta,

de vagabundo y de mendigo,

y así lo he conocido

y así me gusta a mí que sea:

que tenga el corazón de poeta.

 

Que tenga el corazón de poeta.

LAS (buenas) IDEAS

LAS (buenas) IDEAS

Reconozco que nunca me han gustado los lobbys, sobre todo aquellos de los que no formo parte: debe sucederme como a la mayoría de la gente con el dinero, que suele disgustar a quien no lo tiene...

 

Caso aparte son las asociaciones de personas con intereses o gustos comunes, que considero cumplen un papel social estructural fundamental. Quizás por ello soy militante socialista, fui cofundador del Sindicato de Periodistas de Madrid —mantengo mi afiliación y activismo pese a que durante los últimos años apenas he ejercido mi profesión— y, en su momento —¿cosas de juventud?—, fui socio del Club Atlético de Madrid

 

Sí suelo ser selectivo —salvo en la cuestión atlética— a la hora de formar parte de cualquier colectivo, porque para incorporarme a él deben gustarme, o al menos compartir, tanto las ideas que se defienden como los hechos que se derivan de su aplicación. Aunque, como cualquiera, tolero hasta cierto punto lo que no me gusta por motivos de amistad, lealtad, compañerismo, amor o compasión.

 

Así las cosas, varios amigos —los mismos que me animaron a compartir con ellos reflexiones pasadas en la blogosfera— me invitan ahora a integrar mi blog en su agregador, sin duda uno de los más selectivos (¿es eso bueno?; ni idea… pero va conmigo) de la cada día más amplia red progresista.

 

Y no tengo dudas…

 

No sólo porque en este caso estén también presentes la amistad, la lealtad y el compañerismo, que lo están, y que comparta —con los matices de mi personalidad y libertad individual— muchas de las opiniones e intenciones de sus miembros, sino porque considero que LAS (buenas) IDEAS también cumplen en este momento un papel social estructural fundamental.

LOS CASOS DREYFUS Y GALA

LOS CASOS DREYFUS Y GALA

Desde hace 25 años, la American Library Association celebra a finales del mes de septiembre la Semana del libro prohibido (“Banned Books Week”), que pretende que los estadounidenses recuerden la garantía democrática que ofrece su libertad de lectura (“Freedom to Read”). Dicho evento ha dado pie a que el blog No es algo personal inicie un meme que me llega por dos vías: Geógrafo Subjetivo y Joselito. El reto de Yattarouze consiste en responder a estas dos preguntas:

 

1 - ¿Existe algún libro que tiraríais gustosos a la hoguera?

2 - Y al contrario, ¿cuál salvaríais a toda costa, a pesar de su naturaleza provocativa/indecente/subversiva?

 

Antes de nada, quiero agradecer que se considere interesante mi participación en este reto intelectual. También advierto de que mi selección no derivará de la calidad de las obras, sino de mis motivos para llevar un libro en la maleta mientras tiro el otro a la basura:

 

El libro que salvo es YO ACUSO: EL CASO DREYFUS, editado en Ginebra en 1975 por Editions Ferni para el Círculo de Amigos de la Historia, dentro de la colección “Los grandes procesos de la historia”, de autoría desconocida. Dividido en cinco capítulos (“El acta de acusación”, “Yo acuso”, “Nueva condena”, “El indulto” y “La rehabilitación”), narra las vicisitudes que padeció en la Francia de finales del siglo XIX Alfred Dreyfus, Capitán de Artillería, acusado falsamente de traición, condenado, degradado, deportado “de por vida” a la Isla del Diablo guayanesa y años más tarde rehabilitado, en un infame proceso nacido del odio antisemita de la alta sociedad civil y militar francesa de la época: el pecado de Dreyfus era (fue) ser judío... El primero de su raza que accedió al Estado Mayor.

 

A Dreyfus se le procesa a partir del descubrimiento de una carta escrita en papel cebolla, “sin firmar y sin fechar”, que dice que “una serie de documentos confidenciales han sido entregados a un agente de una potencia extranjera” (Alemania). Pronto “aparece” otro documento, el “Memorándum”, que refleja los cuatro supuestos informes filtrados, que sólo pueden ser obra de Dreyfus. Detenido en secreto en septiembre de 1894 y sometido a interrogatorio, el militar no confiesa, pero se le acusa por su perfil “sospechoso y que presenta una gran analogía con la de las personas que practican el espionaje”. Además, “del examen atento de todas las letras de los oficiales empleados en los departamentos del Estado Mayor del Ejército, resulta que la del capitán Dreyfus presentaba una notable similitud con la letra de la carta enviada”. Su acusador, el general Mercier, dirá en el Consejo de Guerra: “En este asunto hay de seguro un culpable, y es Dreyfus o yo. Como no soy yo, es Dreyfus”. La sentencia está dictada...

 

Muy pronto el hermano "admirable" de Dreyfus, Mathieu, descubre que el “Memorándum” lo ha escrito ex profeso el comandante Esterhazy, él sí espía, y que el Estado Mayor lo sabe, aunque prefiere que Dreyfus pague el pato (de hecho, Esterhazy huye a Londres y reconoce en The Observer ser el autor de la falsificación, aunque alega haber seguido las indicaciones del Estado Mayor). Dicha injusticia es denunciada por el intelectual Emile Zola, quien el 13 de enero de 1898 inserta una carta pública al entonces presidente de la República, Félix Faure, en el periódico L’Aurore, con 200.000 ejemplares de tirada. El escándalo es mayúsculo, porque Zola remata su texto diciendo:

 

“No ignoro que al elevar esta acusación desafío la Ley de Prensa, que castiga los delitos de difamación y voluntariamente me expongo a ello... El acto que realizo no es más que un medio revolucionario para apresurar la explosión de la Verdad y de la Justicia. Que se atrevan, pues, a llevarme a los tribunales y que la investigación se haga a la luz del día”.

 

Zola es procesado y condenado a un año de prisión y tres mil francos de multa, aunque apela y el 23 de mayo se inicia la segunda vista en la Audiencia de Versalles, de la que sale bien librado y que motiva que el 3 de junio de 1899 la Corte de Casación anule la condena de Dreyfus y reclame la presencia de Esterhazy, quien por supuesto no regresa de Londres. Quizás porque se necesita un culpable, se abre otro Consejo de Guerra que finaliza el 9 de septiembre, de nuevo condenando a Dreyfus, esta vez a sólo diez años de prisión...

 

El Gobierno tiene decidido firmar el indulto, por motivos de salud del reo, pero ello obliga a Dreyfus a declararse culpable y a solicitar la Gracia:

 

“El Gobierno de la República me devuelve la libertad. Pero ésta no es nada para mí sin el honor. A partir de hoy me propongo continuar persiguiendo la reparación del espantoso error judicial del que soy víctima todavía. Quiero que Francia entera sepa, a través de la sentencia definitiva, que soy inocente. Mi corazón no estará tranquilo hasta que no haya un solo francés que me impute un crimen que no he cometido”.

 

Por otro lado, Zola morirá el 29 de septiembre de 1902, asfixiado por las emanaciones de la chimenea de su hogar, defectuosa. ¿Crimen o accidente? Los expertos designados por el Gobierno dirán lo segundo, pero 25 años después el periodista Jean Bel informará de que un deshollinador confesaba que él mismo, junto con otros colegas, había obstruido la chimenea, voluntariamente y por encargo.

 

Dreyfus reclama judicialmente la revisión de su proceso y el 3 de mayo de 1904 la Sala de lo Criminal de la Corte abre sus debates y acepta dicha petición, por lo que el caso pasará a estudiarse, lentamente... Tras las elecciones legislativas francesas, el 12 de julio de 1906 aparece publicada la sentencia, que rehabilitada definitivamente al Capitán de Artillería, quien podrá reincorporarse al Ejército: el 22 de julio es condecorado como caballero en la Escuela Militar, donde doce años antes había vivido la ignominia de la degradación. Tras el acto de armas, sale escoltado por 200.000 parisinos que gritan “¡Viva Dreyfus!” y “¡Viva la Justicia!”. Hasta entonces impasible, el militar rompe a llorar... Días después, el 28 de julio, será recibido en el Palacio del Elíseo por el presidente de la República, Armand Fallières.

 

El traidor Esterhazy morirá el 21 de mayo de 1923 en Inglaterra, donde vivía en una habitación alquilada bajo el nombre de Conde de Voilement; por su parte, el héroe Dreyfus fallecerá el 11 de julio de 1935, habiendo alcanzado durante la Gran Guerra el grado de teniente coronel de la reserva y nombrado oficial de la Legión de Honor el 11 de julio de 1919.

 

En mi opinión, la verídica historia de Dreyfus merece ser recordada...

 

En cuanto al libro que quemaría, es EL PEDESTAL DE LAS ESTATUAS, supuestamente escrito por Antonio Gala y publicado en 2007 por Planeta.

 

Con 538 páginas, un separalibros se ha detenido (ahí sigue, testimoniando mi hartazgo) en la 237 y no sé por qué llegué a tanto: ni sé cómo termina, ni me interesa. Casi lo único bueno del libro es la cita que Gala (ni siquiera creo que la novela la haya escrito él, sino algún “negro”) atribuye a Antonio Pérez, secretario real de Felipe II e hijo del secretario real de Carlos I, huido primero a Francia y luego a Inglaterra tras un encierro motivado por el asesinato del secretario de Don Juan de Austria:

 

“He estado cerca del poder, de cualquiera, como para creer en él. Lo he tenido; me ha manchado las manos; he hurgado en sus entrañas, me salpicó los vestidos más caros, que son los que debe uno ponerse cuando se va a hacer el daño verdadero... No creo en la sinceridad del poderoso; sin embargo, no he deseado en mi vida otra cosa que serlo”.

 

La excusa de El Pedestal de las estatuas es la supuesta recuperación de un cartapacio con las memorias del citado Antonio Pérez, en plan Código da Vinci, sin duda el best seller que impulsó a Gala, a Planeta o a quien fuera a editar este pastiche, para fabricar el cual alguien habrá espigado un par de libros malos de Historia de España y, cogiendo de aquí y de allá, además de retorcer la historia, ha manchado la carrera literaria de un autor como Antonio Gala.

 

Por eso tiraría ese libro, para que no se sepa que quien ha escrito El manuscrito carmesí o La pasión turca fue capaz de firmar (no creo que él sea el autor, aunque quién sabe...) ese bodrio.

 

Para terminar, meto en un lío a tres blogueros que sigo, a quienes animo a incorporarse a este meme: Entre Líneas, Reflexiones Progresistas y Diario de un Transeúnte.

URBANISMO Y SOCIEDAD EN HISPANIA

URBANISMO Y SOCIEDAD EN HISPANIA

He terminado un interesante libro sobre la presencia romana en la Península Ibérica, las Islas Baleares y el norte de África y su repercusión en la España de la época (que aún no era España). Su título: Urbanismo y Sociedad en Hispania. Es una recopilación de varios artículos publicados o leídos en diferentes congresos por D. José María Blázquez Mártínez, catedrático emérito de Historia Antigua y miembro de la Real Academia de la Historia.

 

Dentro de un notable tono pedagógico general, destaco un párrafo de uno de los textos que recoge el profesor Blázquez, atribuido al apologista cristiano Lactancio (“Sobre la muerte de los perseguidores”), contemporáneo de la época estudiada, que describe cómo se notaron las reformas de Diocleciano en la Meseta castellana, como en todo el Imperio en época de la Tetrarquía, cuando el gobernante necesitaba (como después Constantino) grandes cantidades de dinero para sus planes, para lo cual subió las contribuciones todo lo que pudo:

 

“Con su avaricia y su timidez alteró la faz de la tierra. En efecto, dividiendo la tierra en cuatro partes, hizo a otros tres emperadores partícipes de su poder. Paralelamente multiplicó el ejército, pues cada cual contendía por disponer de un ejército mayor que el que cada uno de los emperadores anteriores había tenido, cuando uno solo estaba al frente de todo el Estado. Se llegó al extremo de que era mayor el número de los que vivían de los impuestos que el de los contribuyentes, hasta el punto de que, al ser consumidos por la enormidad de las contribuciones los recursos de los colonos, las tierras quedaron abandonadas y los campos cultivados se transformaron en selvas. Para colmo, a fin de que el terror llegara a todas partes, las provincias fueron subdivididas hasta el infinito. En consecuencia, numerosos gobernadores y negociados oprimían a cada una de las regiones, incluso casi a cada una de las ciudades”.

 

En tiempos en los que el ACTUAL Imperio le pide a los contribuyentes demasiados esfuerzos, no está de más que los gobernantes comprendan que, algún día, dichos contribuyentes pueden optar por dejar de producir.

HISTORIA DE MACACOS

HISTORIA DE MACACOS

Continuando con mi serie de económicas lecturas veraniegas, debo hablar de HISTORIA DE MACACOS, de Francisco Ayala, que, por 2 euros y siempre gracias a la Cuesta de Moyano, me ha hecho sonreír como pocas.

 

Ayala narra en su cuento la cena que un matrimonio residente en una colonia europea ofrece a sus amigos varones y el ambiente de sorna de estos invitados (casi todos miembros de la empresa donde hasta ese día trabajaba el esposo, quien regresa a la metrópoli...) debido a que durante el último año han gozado, sin excepción, de los favores sexuales de la esposa del anfitrión. “Cuánto vamos a echaros de menos, sobre todo a tu esposa, a quien ninguno de nosotros podrá olvidar jamás”, vienen a mofarse los cómplices necesarios del aparentemente secreto adulterio.

 

El bochornoso espectáculo da un giro imprevisto cuando, a los postres, el anfitrión se levanta y pronuncia un agradecido discurso para con sus presuntos amigos, por haber mantenido en silencio el hecho de saber que su supuesta esposa no era tal, sino una prostituta profesional (a la que él mismo había animado a desplazarse un año antes a la colonia con objeto de limpiar a los incautos), como no podía ser de otro modo a la vista de que durante todo el año habían estado pagando los favores de la dama. Y aún dijo más:

 

“No me queda, por consiguiente, apreciados colegas, sino informarles por encargo de nuestra querida Rosa de que, con sus ahorros, se propone —ya que su juventud triunfante le desaconseja la sosegada existencia del rentista— instalar un establecimiento de galantes diversiones que, seguro estoy, ha de ser modelo en su género, y donde, por descontado, serán recibidos ustedes como en su propia casa cuando alguna vez deseen visitarlo. Entretanto, que el Señor les colme de prosperidades”.

 

El estupor de los comensales, que han hipotecado su patrimonio para gozar de la atractiva joven, es de los que hacen época, porque además deberán rabiar en silencio padecer el consabido chasco del timador timado...

 

El librito en cuestión, además del relato comentado, incluye otros dos breves cuentos de menor categoría:

 

VIOLACIÓN EN CALIFORNIA, también divertido, narra las vicisitudes de un comisario de policía para explicar a su esposa la denuncia que esa misma tarde ha presentado un joven automovilista, tras ser asaltado por dos jóvenes hembras a quienes, a punta de pistola, ha debido satisfacer sexualmente: “Eso es todo lo que me faltaba por ver en este mundo: mujeres violando a un hombre”, resume el comisario.

 

UNA BODA SONADA, menos brillante, sobre el obligado retiro de una bailarina que, harta de los silbidos del público, decide premiarlo con una sonora ventosidad: “La artista fulminó a sus ocupantes una terrible mirada, se detuvo por un instante, levantó la pierna y disparó contra ellos explosiva detonación”.

 

En definitiva, tras este acercamiento me resulta obligado saber más sobre la extensa obra narrativa del centenario Ayala, de quien sólo había leído alguno de sus ensayos. Así pues, si las encuentro a buen precio, comenzaré por MUERTES DE PERRO (1958) y EL FONDO DEL VASO (1962).

CAFÉ, CIGARRO, DIARIO Y FABRA...

CAFÉ, CIGARRO, DIARIO Y FABRA...

Obligaciones profesionales me han llevado por tierras de Alicante justo antes del Congreso del PSPV-PSOE, que ha ganado por estrecho margen el alcalde de Alaquas, Jorge Alarte. Algún compañero con quien comenté el previo del Congreso en la noche del jueves estará aún celebrándolo.

 

En contra de lo que anunciaban las previsiones, la meteorología acompañó y los días fueron luminosos. Tan es así que el jueves hice una pequeña pausa para disfrutar de la magnífica vista mediterránea que se observa desde la terraza del Parador Nacional de Jávea, donde degusté café, cigarro y periódico sin que las andanzas del inefable Carlos Fabra me amargaran la jornada. También me alegré de que a disposición de los clientes estuviera Público: ¡Qué tiempos aquellos, no tan remotos, en los que en la red de alojamientos públicos apenas podía leerse El Mundo!

 

Por cierto: mientras gozaba de tan relajante momento era consciente de la fortuna que supone tener una profesión que depara esas posibilidades de deleite.

CARTAS DE (o desde) ESPAÑA

CARTAS DE (o desde) ESPAÑA

He leído casi del tirón una pequeña selección de las Cartas de España de José María Blanco White, autor cuya autobiografía quizás revise alguna vez, editadas en una colección de bolsillo del diario El Sol que compré en días pasados, como es mi costumbre, en la Cuesta de Moyano. El librito sólo contiene cuatro de ellas, pero desde luego no se puede pedir más por los dos euros que pagué por dicho ejemplar, porque además la lectura ha merecido la pena...

 

Dichas cartas de Blanco White critican con tal exactitud la España de su época (finales del siglo XVIII e inicio del XIX) que no fueron traducidas al castellano y publicadas en nuestro país hasta 1972, lo cual no tendría mayor trascendencia si no fuera porque el autor, autoexiliado en Inglaterra desde 1810, ¡falleció en 1841!

 

Dicho silencio editorial, felizmente superado, se explica porque el escritor (y ex sacerdote católico) sevillano abomina en su escrito de la jerarquía eclesiástica y del despotismo practicado por quienes se beneficiaban de unas leyes “que son como las telarañas, que atrapan a los débiles pero ceden ante los fuertes”.

 

Así, sobre el hecho religioso, destaco una de las frases de su primera carta:

 

“Si quiere usted conocer a fondo el carácter nacional de mi país, tiene que conocer a fondo el carácter de la religión nacional. La influencia de la religión en España no conoce límite y divide a los españoles en dos grupos: fanáticos o hipócritas”.

 

Sobre el otro asunto central, el secular caciquismo hispano, resalto una reflexión de su segunda carta:

 

“El despotismo español no tiene aquel carácter irritante y cruel que arrastra a un pueblo a la desesperación. No es la tiranía del negrero cuyo látigo siembra deseos de venganza en el corazón de los esclavos. Es más bien la preocupación del ganadero que castra el ganado cuya fuerza teme. El animal injuriado crece sin darse cuenta del daño y después de una breve doma puede pensarse que incluso ha llegado a amar el yugo. Creo que ésta es nuestra situación”.

 

¡La España castrada! ¡Genial definición y mejor título para un futuro post!