COMER HACHÍS
Leo que seis universitarios —cinco chicas y un chico—han sido atendidos de madrugada, intoxicados con un pastel de hachís que se zamparon durante una fiesta privada. El chaval hasta tuvo que ser trasladado a un hospital, aquejado de taquicardias, aunque ya se le pasó el pedo... Que se ha restablecido, quiero decir.
“Todos ellos están ya en perfecto estado”, ha indicado la Guardia Civil, que se encontró con el pastel —nunca mejor dicho— y no informa de si las taquicardias del joven eran producto de la ingesta o del hecho de ser el único invitado varón en una fiesta privada con cinco mujeres de su edad...
Es esa una práctica —a comerse pasteles entre cuyos ingredientes se incluye el hachís, me refiero— que nunca entenderé, porque no es propia de quien consume asiduamente. El fumador habitual de canabbis —y yo, en la universidad, fumaba un rato...—, en sus diversas modalidades (marihuana, hachís o polen), es eso: un fumador, que se limita a ponerse ciego a porros en cuanto tiene ocasión.
Porque quien fuma chocolate, fuma a todas horas y hace su vida fumado (al menos su vida académica; otra cosa es cuando hay que trabajar, pues las neuronas perdonan, pero los jefes y la competencia no...). Al fumeta, siempre con su puntillo, la sonrisa bobalicona y los ojos enrojecidos y achinados, es fácil distinguirle.
Por eso me da a mí que estos desahogados chavales —no otra cosa puede llamarse a quien, por no controlar su pedo, llama a las cuatro de la madrugada a quien a esas horas trabaja en el 112, en vez de estar de fiesta...—, que estudian en una de las numerosas universidades privadas madrileñas de la zona —no se ha hecho público si son alumnos de la Universidad Alfonso X El Sabio, de la Camilo José Cela o de la Universidad Europea de Madrid— y que llegados desde diversas provincias españolas (seguro que con universidad pública...) deciden vivir en un chalet de Villanueva de la Cañada, son de los que fuman poco o tienen pocos problemas económicos para pillar...
Si yo, en mi (feliz) época universitaria, hubiera tenido tanto chocolate como para preparar un pastel cuyo sabor no es muy recomendable — suficientes piedras de hachís he mordido como para conocer a qué sabe—, en vez de (mal) gastarlo habría empezado a liar canutos a destajo y se los hubiera pasado a mis cinco compañeras de fiesta... Claro que a mí también (¡a quién no, en ese tipo de fiesta privada!) me hubieran dado las taquicardias...
ACTUALIZACIÓN (4-11-2008): El País, que da más detalles sobre la noticia, explica que el muchacho hospitalizado pasó 4 días en el Hospital Puerta de Hierro.
PD.: Post dedicado a Rosas Verdes y a su Picoleto comentarista.