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ME SABE MAL, el blog de @Franesco

CASO GRANADOS: TODO EMPEZÓ CON TAMAYO

CASO GRANADOS: TODO EMPEZÓ CON TAMAYO

No está de más recordar que el tal Francisco Granados, en la actualidad Consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid y secretario general del Partido Popular de Madrid, sólo era un parlamentario autonómico más —el número 8 de la lista de su formación política—, además de alcalde de Valdemoro con sólo cuatro años de experiencia al frente de su municipio, hasta una fecha concreta: el 10 de junio de 2003, el día en que los hasta entonces socialistas Tamayo y Sáez se ausentaron antes de que diera inicio la votación para elegir al presidente de la cámara autonómica.

 

A partir de entonces comenzó una sorprendente escalada política que sólo Esperanza Aguirre podría explicar...

 

Primero, el 17 de junio de 2003, y pese a que hasta entonces sólo era vocal sin función ejecutiva en el Comité Ejecutivo Regional del PP de Madrid —designado libremente en septiembre de 2002 por el entonces Presidente, Pío García Escudero—, fue nombrado Secretario General del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Madrid; al día siguiente, ya compareció como tal en el programa televisivo El Círculo a primera hora de Telemadrid; y apenas unos días después, el 22 de julio, era nombrado presidente de la Comisión de Investigación sobre el Tamayazo...

 

Tan contenta debió quedar la actual presidenta de Madrid con su actuación en dicha Comisión de Investigación que, repetidas a finales de octubre las elecciones autonómicas y conquistada la Comunidad para el PP, Esperanza Aguirre le nombró consejero de Transportes e Infraestructuras de su Gobierno, cargo que ocupó a partir del 22 de noviembre; al día siguiente, Granados abandonaba la alcaldía de su pueblo, localidad en la que años después algunos desalmados o ex socios enfadados quemaron su vehículo particular, el famoso Mini Cooper que en ese momento, según se aseguró en la prensa, constaba a nombre no de su esposa, como él aseguraba, sino de la constructora Grandes Locales de Negocios, que al parecer se lo había regalado, nadie ha sabido por qué...

 

Justo un año después, el 27 de noviembre de 2004, Aguirre volvió a confiar en él y, tras vencer con candidatura única en el XIII Congreso del PP de Madrid, le convirtió en su número dos al nombrarle secretario general de la organización madrileña, cargo en el que en la actualidad sigue; la cosa no quedó ahí, porque antes de un mes Aguirre remodeló su Gobierno, y su hombre confianza en el partido fue relevado en la Consejería de Transportes e Infraestructuras —por María Dolores de Cospedal— y pasó a ocupar la Consejería de Presidencia del Gobierno regional.

 

Ya en mayo de 2007, el PP volvió a ganar Madrid, en unas elecciones en las que Granados había ascendido hasta el número 3 de la lista, sólo por detrás de Esperanza Aguirre e Ignacio González —ahora presuntamente espiado—, presidenta y vicepresidente, respectivamente, de la Comunidad; pero ahí no quedó su ascenso, pues la reelegida presidenta le nombró, en su nuevo Gobierno, Consejero de Presidencia e Interior, sumando a sus atribuciones las competencias que ahora parecen estar en cuestión...

 

Por si no fuera suficiente, un año después, el 26 de junio de 2008, tras la enésima remodelación del Gobierno autonómico, Granados sumó Justicia a sus responsabilidades en Presidencia e Interior, en cumplimiento de la máxima de que no hay mejor investigador que aquel que debe juzgar lo que él mismo investiga; por supuesto, dos meses después, en el XIV Congreso del PP de Madrid, renovó su cargo como secretario general, en el que permanece.

 

¿Quién era Francisco José Granados Lerena en junio de 2003? ¿Quién es en enero de 2009? ¿A quién le debe su meteórica carrera política? Además de a Esperanza Aguirre, sin duda, a Eduardo Tamayo...

CASO GRANADOS: ¿ACTUARÁ EL FISCAL?

CASO GRANADOS: ¿ACTUARÁ EL FISCAL?

No soy es especialista en Derecho, pero da la impresión de que el espionaje presuntamente organizado por la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid ya debiera haber supuesto la apertura de una investigación desde las máximas instancias judiciales nacionales. Y es que los hipotéticos delitos cometidos por dicho grupo parapolicial no se han llevado a cabo sólo en Madrid, pues se ha informado de que al vicepresidente de la Comunidad le sometieron a seguimiento en Venezuela y Sudáfrica, entre otros muchos sitios.

 

Urge, por tanto, que no sean los jueces y fiscales de Madrid quienes conozcan del asunto y que el Fiscal General del Estado actúe cuanto antes.

 

Entre otras cosas, hay que evitar que puedan destruirse pruebas y no estaría de más que un juez autorizase escuchas y seguimientos —estos, sí, legales— a los implicados, desde los ex policías y ex guardias civiles que están trabajando para la Consejería de Interior de la CAM hasta el propio consejero Granados.

 

Creo que este asunto va a dar para varios y sucesivos post...

ENAJENACIÓN Y NEGLIGENCIA

ENAJENACIÓN Y NEGLIGENCIA

La localidad almeriense de El Ejido vivió ayer un trágico suceso que quizás pueda malinterpretarse aunque, en realidad, sólo parece tener como culpables a unos trabajadores sanitarios concretos que hicieron una manifiesta e irresponsable dejación de funciones.

 

El caso comienza así: sobre las tres de la madrugada, el ciudadano malí de 25 años K. K. fue conducido por unos amigos hasta el Hospital de Poniente, debido a que se encontraba trastornado y presentaba un cuadro de enajenación que incluía múltiples alucinaciones. Quien lo atendió no concedió excesiva importancia a la enfermedad mental —transitoria o crónica— del joven, o debía tener mucha prisa, o simplemente se quitó el problema de encima... Sea como fuere, despachó al enfermo apenas dos horas después, en torno a las cinco de la mañana.

 

Qué cuadro clínico no estaría sufriendo el muchacho y qué floja debió ser la medicación que le suministraron —si es que le suministraron algo y no le extendieron una receta para que él mismo se dirigiese hacia la Farmacia de turno— que menos de cuatro horas después de haber recibido el alta médico sucedieron los siguientes acontecimientos: el malí se encontró en el denominado Camino de Pampanico con otros dos compatriotas, uno de los cuales conducía una bicicleta. Bicicleta que el joven K. K. reclamó para sí, quizás porque su mente le decía que, siendo suya, se la habían robado, o por cualquier otra explicación paranoica. Como no se la entregaron, cogió un palo y le asestó un golpe en la cabeza al otro muchacho, cuyas iniciales eran J. L. y que hasta entonces tenía 26 años... Allí murió, a causa de semejante impacto en su cabeza. Pero K. K. no se detuvo, porque lo suyo no era cuestión relacionada con la falta de trabajo, ni con su hipotética escasa integración en España... Tampoco en su caso servía la tópica —y casi siempre falsa— explicación acerca de los problemas que traen los inmigrantes, sino que todo era producto de su enfermedad... Así que continuó su camino y la emprendió a golpes con quienes, tras ver los hechos anteriores, le increpaban para que se detuviese. Como iba hecho una fiera, tuvo tiempo de arremeter contra varios vehículos y romper las lunas de al menos un camión y cinco coches... Pero siguió adelante, hasta llegar a una cooperativa agrícola, donde agredió a la encargada y al gerente, quien se salvó de una fractura craneal y acaso de la muerte, pero no de la fractura de uno de sus brazos, con el que se protegió la cabeza...

 

En resumen, que antes de que lo detuviese la Policía Nacional, K. K. mató a una persona e hirió a otras siete, las más de ellas de forma leve...

 

Y todo porque a nadie se le ocurrió, en el ejercicio de su responsabilidad, suministrarle al citado K. K. el suficiente neuroléptico, tipo Haloperidol o similares, que además de tranquilizarlo lo hubiese frenado, ingresarlo de urgencia y, acaso, derivarlo a un centro médico especializado para enfermos mentales, que sin duda es lo que era el tal K. K. en aquellos momentos.

 

Veremos en qué queda la investigación, si la hay, que puede haberla: no sólo porque ha habido un muerto, J. L., el citado compatriota malí de K. K. cuya familia apenas podrá hacer nada por esclarecer los hechos; sino porque alguno de los heridos querrá saber si él resultó herido por la negligencia del cuadro médico que dejó marchar de madrugada a una bomba andante en potencia.

 

P.D.: La imagen corresponde a la estructura química del Haloperidol

PALABRA DE OBAMA

PALABRA DE OBAMA

Barack Obama, ya al frente de los Estados Unidos, se presentó ayer al mundo con su primer discurso presidencial. El siguiente:

 

Queridos conciudadanos:

 

Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Doy gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación y por la generosidad y la cooperación que ha demostrado en esta transición.

 

Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas. Sin embargo, en ocasiones, este juramento se ha prestado en medio de nubes y tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante, no sólo gracias a la pericia o la visión de quienes ocupaban el cargo, sino porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.

 

Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.

 

Estos son indicadores de una crisis, sujetos a datos y estadísticas. Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero debes tener clara una cosa, América: los resolveremos.

 

Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.

 

Seguimos siendo una nación joven, pero, como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado las cosas infantiles. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia; de escoger lo mejor que tiene nuestra historia; de llevar adelante ese precioso don, esa noble idea, transmitida de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible.

 

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, sabemos que esa grandeza no es nunca un regalo. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil. No ha sido nunca un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo, o no buscan más que los placeres de la riqueza y la fama. Han sido siempre los audaces, los más activos, los constructores de cosas -algunos reconocidos, pero, en su mayoría, hombres y mujeres cuyos esfuerzos permanecen en la oscuridad- los que nos han impulsado en el largo y arduo sendero hacia la prosperidad y la libertad.

 

Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra. Por nosotros combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener las manos en carne viva, para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales; más grande que todas las diferencias de origen, de riqueza, de partido.

 

Ése es el viaje que hoy continuamos. Seguimos siendo el país más próspero y poderoso de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado ni el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos.

 

Porque, miremos donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos. Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.

 

Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no puede soportar demasiados grandes planes. Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país; de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.

 

Lo que no entienden los escépticos es que el terreno que pisan ha cambiado, que las manidas discusiones políticas que nos han consumido durante tanto tiempo ya no sirven. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno.

 

Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos. El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.

 

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia. Por eso, a todos los demás pueblos y gobiernos que hoy nos contemplan, desde las mayores capitales hasta la pequeña aldea en la que nació mi padre, os digo: sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.

 

Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.

 

Somos los guardianes de este legado. Guiados otra vez por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen un esfuerzo aún mayor, más cooperación y más comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán. Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.

 

Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.

 

Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto. A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.

 

A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.

 

Mientras reflexionamos sobre el camino que nos espera, recordamos con humilde gratitud a esos valerosos estadounidenses que en este mismo instante patrullan desiertos lejanos y montañas remotas. Tienen cosas que decirnos, del mismo modo que los héroes caídos que yacen en Arlington nos susurran a través del tiempo. Les rendimos homenaje no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y sin embargo, en este momento -un momento que definirá a una generación-, ese espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos.

 

Porque, con todo lo que el gobierno puede y debe hacer, a la hora de la verdad, la fe y el empeño del pueblo norteamericano son el fundamento supremo sobre el que se apoya esta nación. La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.

 

Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo. Son cosas reales. Han sido el callado motor de nuestro progreso a lo largo de la historia. Por eso, lo que se necesita es volver a estas verdades. Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil.

 

Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.

 

Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto.

 

Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en celebración en este grandioso Mall y por lo que un hombre a cuyo padre, no hace ni 60 años, quizá no le habrían atendido en un restaurante local, puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado.

 

Marquemos, pues, este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto camino hemos recorrido. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el mes más frío, un pequeño grupo de patriotas se encontraba apiñado en torno a unas cuantas hogueras mortecinas a orillas de un río helado. La capital estaba abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en el que el resultado de nuestra revolución era completamente incierto, el padre de nuestra nación ordenó que leyeran estas palabras: "Que se cuente al mundo futuro... que en el más profundo invierno, cuando no podía sobrevivir nada más que la esperanza y la virtud... la ciudad y el campo, alarmados ante el peligro común, se apresuraron a hacerle frente".

 

América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos; y que, con la mirada puesta en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras.

 

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América.

(IN)DISCIPLINA Y CAJAMADRID

(IN)DISCIPLINA Y CAJAMADRID

Las últimas votaciones en el seno de Cajamadrid, en las que dos consejeros propuestos en su momento por el Partido Socialista de Madrid se han alineado en contra de la supuesta intención de voto de los actuales dirigentes socialistas madrileños, van a seguir siendo noticia, ya que el partido en su ámbito federal ha pedido explicaciones a los dos militantes, Antonio Romero y Francisco Pérez, a fin de conocer el sentido de sus votos y los porqués de los mismos.

 

Al respecto, Tomás Gómez, ha reclamado de forma oficial, ante el Comité Regional madrileño, una respuesta contundente y el diario Público habla de posible expulsión, aunque el secretario general madrileño reconoce que no existe mandato de voto, porque no puede existir, y ello limita la capacidad de respuesta —expulsar a dos militantes por algo que no es contrario a las normas internas y además es su obligación legal supondría un riesgo para el dirigente que adoptase tal decisión, porque se le podrían exigir después responsabilidades, incluso penales—.

 

En todo caso, el mero hecho de que esos dos militantes hayan votado como lo han hecho merece una explicación. Pero no sólo por su parte...

 

Porque no hablamos de dos militantes cualquiera: tanto Antonio Romero como Francisco Pérez han sido —y muy recientemente— secretarios de Organización del PSM. Es decir, fueron los máximos responsables del “aparato” del partido en Madrid, el primero con Rafael Simancas como secretario general durante su primer mandato (2000-2004), tras el cual ocupó la vicesecretaria general, y el segundo, durante poco más de un año (2007-2008), ya con Tomás Gómez.

 

Por ello, se me ocurren algunas preguntas:

 

¿Cómo se puede entender que quienes saben lo que supone la disciplina de partido hagan caso omiso a las recomendaciones —no órdenes— de quienes ahora rigen la organización?

 

¿Acaso los dos compañeros citados nunca supieron lo que era la disciplina de partido y a pesar de ello se les nombró para establecerla y representarla?

 

¿Quienes propusieron en los Congresos los nombres de dichos compañeros para ser secretarios de Organización, es decir, el anterior secretario general y el actual, nunca sospecharon que se podía esperar algo parecido de unos militantes a quienes encargaban que nos mandasen a los demás?

 

¿Tanto han cambiado Romero y Pérez, o es que ya eran así?

 

¿Hubiese sido necesario que los representantes socialistas en Cajamadrid hubieran pasado por Ferraz antes de las votaciones? ¿Lo hicieron?

 

¿Han existido reuniones en Miguel Fleta en las que se haya informado sobre las intenciones del PSM en torno a Cajamadrid y a pesar de ello los dos compañeros han hecho lo que les ha venido en gana?

 

¿No han existido esas reuniones, porque no se consideraba necesario o porque los dirigentes anteriores y actuales apenas se hablan —con lo que de irresponsabilidad supondría por parte de unos y otros—, y ahora alguno se lleva las manos a la cabeza?

 

Quienes sólo somos militantes de base y aceptamos lo que se nos dice, incluso cuando no nos gusta —que suele ser las más de las veces, sobre todo en Madrid—, podemos reclamar de quienes tienen y han tenido responsabilidades que den ejemplo y se comporten del mismo modo que se nos exige a nosotros: con disciplina.

CON RETRANCA

CON RETRANCA

Ha sido noticia el posado de Soraya Sáenz de Santamaría que acompañaba a una entrevista concedida al dominical del diario El Mundo, en la que la portavoz parlamentaria del Partido Popular afirmaba, entre otras cosas, que su marido “tiene una retranca bárbara”.

 

No han faltado quienes desde la derecha han atacado a la diputada, quienes desde la izquierda han aprovechado para denunciar anteriores críticas del PP sobre asuntos presuntamente similares —posado de las ministras socialistas para Vogue, vestimenta de Carmen Chacón durante la última Pascua Militar, etc.—  que no lo son y, sobre todo, quienes hablaban acerca de si Soraya salía o no favorecida…

 

Como entiendo que cualquiera es libre de aparecer en los medios de comunicación como estime oportuno, siempre que del mismo modo acepte la crítica—que para eso se trae a la plaza pública lo que hasta entonces era privado—, valoraré la foto y la trascendencia de la misma:

 

En primer lugar, no me parece que Soraya acabe de estar atractiva en la foto. De hecho, la estética general resulta un tanto cutre. Un quiero y no puedo, por el piececito apuntando en pretendida postura sensual, el pelo revuelto y, sobre todo, la artificial mirada de tigresa. Si le unimos que el vestido de noche no acaba de serlo porque el escote tapa lo que debiera insinuar, mientras sí muestra los hombros —el problema son los tirantes; quizás hubiera sido mejor lucir un “palabra de honor”—, la imagen es algo vulgar. En todo caso, la diputada no está fea, aunque creo que si la foto —y me refiero a la obra creativa, no a la fotografiada— ha llamado tanto la atención es, antes que por otra cosa, por el lucido blanco y negro.

 

Dicho lo cual, vamos a lo que interesa, que es la trascendencia política y lo que la fotografía tiene de carga psicológica. Porque este posado parece indicar que la intención de esta mujer —igual sucedería caso de ser hombre, que los misterios de la psique no tienen sexo— era pasar por guapa, lo cual ha supuesto anteponer sus querencias particulares al comportamiento que se acostumbra mantener en política.

 

Porque la actitud de la portavoz popular me ha hecho recordar “Pobre Cristina”, aquella magnífica canción de Sabina en la que hablaba de la millonaria heredera Onassis, “tan pobre que no tenía más que dinero”, quien para evitar que fotografiaran su oronda figura “aunque se derrita empapadita de sudor no se quita el albornoz”… Aquel tema cuyo estribillo, con retranca, aseguraba: Cris..., Cris..., Cristina, suspira y fantasea con que la piropea un albañil”

 

La cuestión es que, encerrona de Pedro Jota al margen, Soraya Sáenz de Santamaría ha trasladado a la opinión pública que necesita autoafirmarse y que, pese a ocupar un puesto de representación institucional al que muchos querrían acceder —sobre lo fácil que se lo ha puesto a algunos también podríamos hablar largamente—, lo que en realidad le emociona es que los demás admiren su palmito.

 

Es algo parecido al trauma que sin duda arrastra el presidente francés, Nicolás Sarkozy, a quien desde su niñez debió ilusionarle, dada su escasa estatura, poder disfrutar de una relación sentimental con una mujer esbelta, caso de Carla Bruni…

 

Por no hablar de José María Aznar, el chico de derechas cuya familia quizás no tuviera tanto poder adquisitivo como otros compañeros de pupitre y a quien le salió de dentro casar a la niña a lo grande”. Un tipo cuya máxima emoción parece ser presumir de su revés liftado en la cancha de paddle, de en cuántos minutos recorre el kilómetro en una media maratón o del estado de sus abdominales…

 

Desde luego, la cosa tiene guasa. O, como diría la portavoz popular, retranca…

UN TAL NANÍN

UN TAL NANÍN

Quien hasta hoy era presidente del Real Madrid, Ramón Calderón, ha dimitido tras conocerse que bajo su responsabilidad se manipuló la última asamblea de compromisarios del club madridista, en la que, además de estar presentes los Ultra Sur, votaron varias personas que ni eran socios del denominado mejor club del siglo XX, que de seguir como hasta ahora no lo será del XXI...

 

Dicha dimisión viene propiciada por la confianza que Ramón Calderón depositó en un tal Nanín (Mariano Rodríguez de Barutell), joven de 25 años que hace dos, cuando apenas tenía 23 y gracias al presidente de Legálitas, Alfonso Carrascosa, trabajó de forma eficiente en la campaña electoral presidencial, aportando a su candidatura votos y contactos derivados de su trabajo como relaciones públicas de Pachá y de su condición de ex propietario de Dorsia, un restaurante de moda ubicado en La Moraleja con el que ganó su primer dinero, tras vendérselo a un empresario de la construcción.

 

Hasta ahí llegaba el currículum del muchacho, quien en 2006 actuó como fontanero de una operación que algunos tildaron de fraude electoral y que concluyó en los juzgados.

 

Y es que Rodríguez de Barutell fue el encargado de buena parte de la labor de captación de votos por correo —luego anulados, también gracias a que el propio Nanín testificó, por lo visto falsamente, ante la jueza encargada del asunto—, como supervisor de un equipo comercial dedicado a captar simpatizantes. Calderón le concedió tanta importancia que en su discurso como presidente electo agradeció su labor: “¡Quiero nombrar a dos fenómenos sin los que nada de esto habría sido posible! ¡Nacho y Nanín!”.

 

Quizás por ello, al joven lo nombraron adjunto a la dirección del Área Social del Real Madrid y vio aumentar su poder en lo que atañe a la gestión de los Palcos VIPS, un negociazo dado el interés de muchas empresas por contar con localidades en el Santiago Bernabéu con las que obsequiar a clientes y directivos. Un pretendido poder que acabó ayer, cuando salió del club por la puerta de atrás, debido a que él y su superior fueron quienes introdujeron a los no socios en la famosa asamblea de compromisarios. De hecho, casi todos los colados eran amigos del chaval...

 

Tras los hechos, tocan los comentarios:

 

De lo sucedido, lo más chocante es que al presidente del Real Madrid le cueste el puesto la actuación de un chico de 25 años, típico pijete vivales, bajito y muy guapete, con aspecto de chulito de piscina, seguramente simpático y con don de gentes, que se ha buscado la vida organizando fiestas en discotecas de moda y que en su indumentaria y comportamiento —desde lo de su peinado a lo Christian Bale hasta lo de llamar Dorsia a su primer restaurante— demuestra tener fijación por el Patrick Bateman de American Psycho. Es decir, un don nadie al que la estupidez de quien quería ser presidente del club más laureado de Europa le concedió unos momentos de gloria y a quien, sin duda, a partir de ahora muchos dejarán tirado.

 

Por no hablar de que alguien que pretende pasar por persona responsable se presente a sí mismo como Nanín, y que hombres hechos y derechos que luego presumen de ser algo en la sociedad le sigan el juego... Vamos, como sucede con los Pocholo, Moncho, Keko, Fefa o Cuca... ¡Para mondarse!

 

Pensando en todo ello, he recordado varios posts de algunos blogs que sigo, que hablaban en torno a la estupidez empresarial y la pretendida generación 2.0. ¡Increíble!

MINISTRO PROBLEMA

MINISTRO PROBLEMA

La primera obligación de un ministro, previa a la de ejercer con dedicación su cargo, es no causarle problemas al presidente que lo ha nombrado. Porque el presidente trabaja por delegación, al no poder dedicarse a la vez a todas las materias, y escoge a los miembros de su Gobierno para que sean una prolongación de sí mismo.

 

No parece ser ese el caso del todavía ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que más parece estar dedicándose a resolver viejas rencillas que a acometer la tarea que le ha encomendado el presidente del Gobierno que le nombró. Porque nadie puede creer que a José Luis Rodríguez Zapatero le satisfaga la posibilidad de que durante su presidencia se verifique la primera huelga de jueces de nuestra historia.

 

Sabido es que no todo el mundo vale para todo. Y Fernández Bermejo que desarrolló una carrera como fiscal que nadie critica, excepto los elementos derechistas con quienes está enemistado —muchos de ellos de la judicatura—, no ha logrado lo mismo en el ámbito político.

 

No en vano, es el diputado socialista con peores resultados de entre quienes encabezaron alguna lista electoral en las elecciones generales del pasado mes de marzo: un 32,85% de los votos en Murcia que llevó al Partido Popular a superar el 61%, con un balance final de 3 diputados para el PSOE y 7 para el PP. Una debacle que si se siente integrante de un proyecto colectivo —lo cual no sé si es el caso—, debiera haberle hecho recapacitar. Sin embargo, en vez de preguntarse por qué la gente no le apoya, demuestra ser de los que, con tal de no dar su brazo a torcer, es capaz de poner en riesgo una empresa de muchos.

 

Porque de un ministro se espera lo contrario a lo que ha demostrado esta mañana en la entrevista con Carlos Francino en la Cadena SER, del que rescato esta significativa parte:

 

FRANCINO: ¿Sabe usted que con esta entrevista, muchos amigos entre las asociaciones judiciales no va a hacer?

 

BERMEJO: Yo no tengo un compromiso con ningún amigo, tengo un compromiso con los ciudadanos que me han votado, tengo un compromiso con las ideas del partido que sostiene al Gobierno y esas ideas no van por mimar a colectivos, sino por cuidar de la ciudadanía, de la justicia, de... En definitiva, el sustrato que hace que un país funcione. Ese es mi compromiso, y si ese compromiso me tiene que llevar fuera del Gobierno, el presidente es una persona con mucho criterio y él sabrá lo que tiene que hacer, pero yo no voy a renunciar al compromiso que tengo con los ciudadanos...

 

FRANCINO: ¿Cómo hay que atender a eso último que acaba de decir? A si esto me lleva fuera del Gobierno...

 

BERMEJO: Vamos a ver... El presidente del Gobierno...

 

FRANCINO: Es que me ha sobresaltado...

 

BERMEJO: No, es que me ha dicho usted: “No va a hacer muchos amigos”... Claro, ya se está pidiendo mi dimisión por veinte sitios y espero que se pida todavía un poco más, porque estamos en ese escenario. Lo que puedo decirle es que yo cumpliré hasta el último minuto el compromiso que tengo con mis ciudadanos. Y ese compromiso es el del partido que sostiene el Gobierno, y ese compromiso tiene unos perfiles tan claros que no hace falta que yo se los explique aquí ahora...

 

Para cualquiera que interprete la política —el periodista de la SER se ha quedado tan patidifuso como quienes escuchábamos la entrevista—, las frases que resalto son una andanada directa contra el presidente del Gobierno, sobre todo aquella en la que dice que “él sabrá lo que tiene que hacer, pero yo no voy a renunciar al compromiso que tengo con los ciudadanos”, porque da a entender que si a él le destituyen o se soluciona el problema con los jueces será porque el presidente, y no él, ha renunciado a sus compromisos.

 

Así las cosas, es probable que el ministro esté satisfecho con su actuación y hasta que le divierta convertirse en el azote de los jueces, pero al PSOE —por mucho que él diga que comparte las ideas del “partido que sostiene al Gobierno”— le hace un flaco favor, ya que los árboles de las históricas disputas entre fiscales y jueces no le están dejando a Fernández Bermejo ver el bosque de la necesidad de que la justicia no sea un elemento de crítica para el Gobierno, y mucho menos ahora: cuando el 1 de marzo dos federaciones regionales socialistas se juegan tanto en las elecciones de sus dos Comunidades Autónomas —Galicia y País Vasco— nadie con dos dedos de frente y algo de disciplina, que entienda lo que representa un partido político, puede dedicarse a echar este tipo de órdagos.

 

A Mariano Fernández Bermejo, desconozco el motivo, se le han aguantando demasiadas: desde su inacción en lo que atañe al Tamayazo desde que es ministro, lo cual contrasta con su activismo de 2003 —¿entonces sólo hacía méritos?—, pasando por el arreglo del piso oficial del ministerio —justo antes de las elecciones— hasta su presencia en monterías de fuste, por no hablar de su posterior reportaje fotográfico —los hay contumaces— ataviado como cazador en la revista Jara y Sedal.

 

Con todo lo anterior se ha tragado y, quizás, se tragará... Pero si quiere jugar a justiciero, que lo haga cuando ya no esté en el Gobierno.