Coincido con Esperanza Aguirre, aunque por motivos totalmente diferentes a los suyos, en que el presidente del Gobierno debe convocar elecciones anticipadas, ya mismo, en vez de esperar hasta 2012, cuando debería terminar la legislatura.
De hecho, estoy convencido de que Zapatero volvería a ganar las elecciones, porque una cosa es que el tradicional votante socialista esté cabreado con su Gobierno y otra muy distinta que se vaya a echar en manos del PP de Rajoy, Aguirre, Arenas, Cospedal, Bárcenas, Camps, Correa o el Bigotes…
Los meses de mayo o junio, cumplida la mayor parte del semestre de presidencia europea (ineludible compromiso institucional de España con los europeos que no podemos obviar), serían idóneos para llamar a los españoles a las urnas y solicitar el apoyo de la ciudadanía, que este Gobierno necesita para intentar sacar al país de la crisis desde unas posiciones de izquierda, algo que ya no está en condiciones de hacer.
Y es que el presidente Zapatero sabe que en las circunstancias actuales no tiene el favor de la mayoría de las fuerzas sociales, económicas y políticas, ya que su Gobierno nació para una coyuntura diferente (bastante más sencilla) a la que le ha tocado gestionar, por lo que siempre irá a remolque de la situación que en cada momento se encuentre.
El presidente sabe ya que banca y patronal no colaborarán en el intento de salida de la crisis, pues confían en que un PP llegado al poder en plena recesión les beneficie acometiendo las reformas de corte neocon que defienden desde hace años; también, que cualquier intento reformista (pensiones, mercado de trabajo, contención del gasto social…) tendrá en contra a los sindicatos y a las restantes fuerzas de izquierda; y que las exigencias de la UE para cumplir con los planes de estabilización y los mensajes de organismos internacionales que nunca echarán una mano comportan un insoportable e injusto desgaste y un goteo de desafecciones entre sus propios votantes que apuntan a que la entrega del poder a la derecha será casi por desistimiento.
Sólo José Luis Rodríguez Zapatero, que es quien tiene potestad para ello, puede romper la actual tendencia, marcando la agenda y sorprendiendo a quienes esperan irrumpir en La Moncloa sin esfuerzo: si de forma inmediata llama a las urnas, gobernaría hasta las elecciones por Decreto Ley, presentaría a la ciudadanía sus medidas (ya no sólo propuestas) para combatir la crisis sin que los más desfavorecidos paguen el pato y obligaría a la derecha a retratarse aún más con sus propuestas, de modo que el votante no tuviera dudas de lo que puede esperar de unos y otros.
El mensaje del presidente sería parecido a este:
“Tenemos años duros por delante, porque la economía mejorará pero el mercado de trabajo tardará en recuperarse; saldremos de la crisis, pero los más desfavorecidos tardarán en notarlo; por ello debemos elegir cómo salir de esta: viviendo todos un poco peor durante un tiempo, de forma solidaria, o dejando tirados a quienes menos tienen, como pretende el Partido Popular.
Mi Gobierno ayudará siempre a quienes más lo necesitan, que en estos momentos puede ser cualquiera, e impedirá que quienes han provocado la crisis saquen tajada de ella. Un Gobierno del PP dejaría de ayudar a quienes no tienen trabajo porque no lo hay, rebajaría las pensiones y haría pagar a quienes no han provocado la crisis”.
Creo que en unas elecciones anticipadas los españoles volverían a darle el apoyo al PSOE e incluso lo incrementarían, en una participación récord similar o superior a la de 1982, pues saben que el Gobierno no es culpable de la crisis y, sobre todo, no quieren recetas de derechas que no aseguran que salgamos de ella; pero si llegamos a 2012 como hasta ahora pocos creerán que no ha habido tiempo, durante cuatro años, de resolver la situación.
Los gobiernos no nacen para agotar legislaturas (no son cámaras parlamentarias), sino para gobernar, y el actual no puede hacerlo como quisiera. Por ello, le digan lo que le digan unos asesores que acaso teman perder sus puestos, el presidente del Gobierno no debería temer a las urnas: la mayoría de la población comparte sus ideas y está dispuesta a defenderlas.