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ME SABE MAL, el blog de @Franesco

JUEGOS OLÍMPICOS: COMO EUROVISIÓN

JUEGOS OLÍMPICOS: COMO EUROVISIÓN

Recuperado de la decepción que supuso, como madrileño que soy, que mi ciudad se quedara a las puertas –más aparentes que reales, como veremos– de la concesión de los Juegos Olímpicos de 2016, recupero algunas frases que dejé escritas un día antes de la pantomima de elección, en el que ya daba por seguras las lágrimas de Gallardón:

“En lo que atañe a lo que pueda decidir el CIO, la experiencia indica que la cosa está muy difícil y no por la presencia de Obama, ya que a los vividores que integran la Asamblea de la organización deportiva supranacional les trae sin cuidado que el presidente norteamericano ayude a su ciudad; ni por el asunto de las rotaciones continentales; ni por la cuestión, en realidad menor, de la valía de las candidaturas…”.

“…los miembros del CIO se mueven (siempre lo han hecho) por intereses personales, normalmente pecuniarios, por lo que entiendo que el gran rival de Madrid es Río de Janeiro, ciudad que forma parte de un país emergente donde los delegados que votan pueden pretender obtener pingües beneficios”.

“…muchos miembros del CIO –y sus familiares, amigos y socios– tienen intereses en empresas de marketing deportivo, comunicación y derechos de retransmisión televisiva, o en marcas de prendas especializadas, etc., a las que les será más fácil obtener ganancias en un país como Brasil, donde queda mucho por hacer y repartir, que en otras ciudades como Chicago o Tokio, donde casi todo el pescado está vendido”.

Viene esto a colación de la queja soterrada de parte de la delegación madrileña acerca del engaño del CIO, dado que, evidentemente, sus componentes maniobraron para llevar los Juegos de 2016 a Río de Janeiro y se valieron de la candidatura madrileña –como de Tokio y Chicago– para realzar la importancia de la elección de la sede de un competición deportiva internacional que el organismo celebra de forma privada donde más le interesa…

La cuestión es: ¿eso lo desconocían los miembros de la Oficina Olímpica de Madrid 2016? ¿Ninguno sabía cómo funcionan estos asuntos? ¿Acaso Samaranch no sabe cómo se adjudica un evento de esta índole?

Cualquiera que siga el festival de Eurovisión sabe que sólo pueden ganar aquellos países que con carácter previo a la celebración de la gala aseguran a los organizadores que si resultan triunfadores no sólo acogerán al año siguiente, con toda la parafernalia y el gasto necesario, el nuevo concurso, sino que los organizadores sacarán tajada del asunto; es lo mismo que sucede con eventos tipo Copa del América de vela o los grandes premios de Automovilismo: los organiza aquella ciudad dispuesta a dejar que se lucren quienes organizan la prueba. Y lo mismo sucede con los Juegos Olímpicos...

Es decir, que seguramente Madrid no tenía ninguna opción real de celebrar los JJOO de 2016 y alguien engañó –la Oficina Olímpica de Madrid 2016 o el propio Ayuntamiento– a quienes, desde Esperanza Aguirre hasta el rey, pasando por José Luis Rodríguez Zapatero, se desplazaron a Copenhage a respaldar –bastante bien, por cierto– la candidatura madrileña.

Lo chocante es que los gobiernos de Madrid y de España, por no hablar de la Casa Real, se prestaran al juego del CIO sin exigir a cambio certezas sobre la elección, como sucede hasta en los concursos literarios, donde un autor de renombre sólo participa si antes se le ha asegurado –y con contrato firmado– que será el ganador del “concurso”.

Y es que, con esto de la crisis –a España le habría venido muy bien acoger un evento de gran impacto para un país que vive del turismo–, más de uno no ha estado todo lo atento que debiera a la jugada, porque pocos dudan de que nos han hecho una jugada.

Así, dado el cachondeo patrio, no me extrañaría que la respuesta sea que algún día presentemos como ciudad candidata, tipo Chiquilicuatre en Eurovision, algún pueblo deshabitado: ganar no ganaríamos, pero lo mismo hasta nos lo pasábamos bien...

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1 comentario

Nicolás -

Como creo que los miembros de la candidatura de Madrid fueran unos cándidos porque ya sabían los condicionantes a los que tenían que someterse. Mi pregunta, que es también una reflexión se basa en presuntarse si se hubiera conseguido la designación habrían salido las quejas o no. Como sinceramente creo que no me parece que está de más salir a llorar por algo que era vox populi. Gallardón hizo una apuesta arriesgada, muy arriesgada y perdió. No me parece mal pero ahora debe asumir los hechos y las responsabilidades en la parte que le toca -que no es poca- por haber hecho unos cálculos poco certeros o tal vez ingenuos.
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